Mi última enervación político-social (sic!) fue con la aparición en El Mundo de la mentira respecto a la furgoneta que se encontró de los terroristas del 11-M. Aquella mentira en la que aseguraban que se encontró en el interior una tarjeta de visita de la Cooperativa Mondragón, y resultó ser una cinta de la Orquesta Mondragón.
Pues bien, ayer mismo, mientras volvía a escuchar la radio en mi cocina, la sensación de nerviosismo y profunda pena volvió a mí. Profunda tristeza, en el fondo, que me produjeron los perros sarnosos de siempre: Esperanza Aguirre ("si no fuera por el PP, Cataluña sería nacionalista socialista totalitaria de pensamiento único", "Zapatero debe pedir perdón porque en su juventud fue marxista, y todavía no ha pedido perdón por los Gulags", Acebes ("el proyecto de Zapatero es el proyecto de ETA" y Rajoy ("rompemos relaciones con el PSOE porque ni siquiera Zapatero está por encima de la ley" -a colación de la famosa reunión del PSE con HB, olvindándose totalmente de los contactos de Aznar con ETA-). Este tipo de palabras me recuerdan a la época de mis padres.
Dia si y día también, alentados por la extrema derecha de la COPE, El Mundo, Libertad Digital, etc. el espectáculo de ciertos políticos es más lamentable de lo que ya suele ser normal en los políticos. Y lo malo es que hay gran parte de la sociedad española que esto se lo traga.
Tenemos que señalar con el dedo, de una vez, a aquellos que recortan libertades, que crispan la sociedad y que enfrentan seres de igual condición y con los mismos problemas.